Los alemanes difícilmente podían dar crédito a sus ojos: las tropas británicas marchaban tenazmente hacia ellos. Al llegar a las alambradas, de unos cinco metros de ancho y algo más de un metro de alto, y provistos únicamente de cizallas de mano que no eran lo suficientemente fuertes para cortar el grueso alambre, muchos hombres intentaban cruzarlas mientras otros se desgarraban en ellas sus manos desnudas. Otros se limitaban a correr arriba y abajo de la línea de alambradas intentando encontrar un hueco, hasta que eran alcanzados por los disparos.
Sólo cuando no quedaba duda alguna de que no había esperanza de pasar, los supervivientes de ambas divisiones se decidieron a retroceder. Era tal la repugnancia que la masacre había provocado en los alemanes que muy pocos dispararon a los soldados británicos que se retiraban. De los diez mil hombres que ese día se lanzaron al ataque no menos de 385 oficiales y 7.861 soldados resultaron heridos o muertos. Los alemanes, por su parte, no sufrieron ni una sola víctima
Keywords: Robert Graves, Loos, September 1915.
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1 comentarios for this post
Esa documentación buena